DESCUBRIENDO LA MAJESTUOSIDAD DE LA CATARATA GOCTA
Ubicada en el corazón del departamento de Amazonas, la Catarata Gocta es una de esas maravillas naturales que sorprende tanto por su altura como por la experiencia que ofrece a los viajeros que se aventuran a conocerla. Con sus imponentes 771 metros, se alza como una de las cataratas más altas del mundo (la número 17 a nivel global) y la tercera más alta del Perú, solo superada por las Cataratas Tres Hermanas y Yumbilla. Pero más allá de los números, Gocta es un destino que mezcla aventura, cultura local y una conexión profunda con la naturaleza amazónica.
Visitar Gocta no es simplemente ver una cascada, es sumergirse en un recorrido donde el verde de la selva, el sonido del agua cayendo y la calidez de las comunidades locales hacen que cada paso cuente. Desde los caminos que serpentean entre la vegetación hasta los miradores naturales que permiten contemplar las caídas desde distintos ángulos, esta es una experiencia que se graba en la memoria.
Uno de los aspectos más fascinantes de Gocta es que permaneció relativamente oculta al mundo exterior hasta 2002, cuando fue dada a conocer de forma oficial por un explorador alemán. Desde entonces, ha ido ganando notoriedad internacional, atrayendo tanto a turistas locales como a aventureros de otras partes del mundo. Sin embargo, aún conserva ese aire de secreto bien guardado, algo que se agradece en un mundo lleno de destinos sobrecomercializados.
¿Dónde se encuentra y por qué es tan especial?
La Catarata Gocta está situada en el distrito de Valera, provincia de Bongará, en el departamento de Amazonas, Perú. Se encuentra en una región donde la naturaleza se impone con fuerza: selvas verdes, caminos de tierra, neblina matinal y una biodiversidad que asombra a cada paso. La zona, aunque accesible, no está completamente urbanizada, lo cual mantiene su esencia natural.
Lo que la hace especial no es solamente su altura, sino el entorno que la rodea. La catarata está dividida en dos caídas, ambas visibles y visitables a través de rutas bien marcadas. Su majestuosidad radica también en cómo aparece entre la vegetación, de manera súbita, casi como una aparición mágica que se revela en el momento justo del recorrido.
Es también un símbolo de identidad para las comunidades locales. Muchas leyendas rodean la catarata, desde historias sobre sirenas hasta relatos de oro escondido. Estas narrativas, transmitidas oralmente por generaciones, le dan un aura de misterio que complementa su belleza natural.
En mi caso, cuando llegué a la zona, lo primero que me impactó fue su ubicación estratégica: ni tan cerca de las grandes ciudades como para llenarse de turistas, ni tan alejada como para hacerla inaccesible. Ese equilibrio hace de Gocta un destino ideal para quienes buscan algo auténtico.
Las rutas hacia Gocta: San Pablo vs. Cocachimba
Uno de los aspectos más importantes al planificar el viaje a Gocta es elegir el circuito adecuado. Existen dos rutas principales para acceder a la catarata: desde el pueblo de San Pablo y desde Cocachimba. Cada una tiene sus características particulares, pero si buscas una experiencia más completa, la recomendación clara es iniciar en San Pablo y terminar en Cocachimba.
La ruta San Pablo – Cocachimba permite hacer el recorrido completo de ambas caídas. En nuestro caso, nos tomó unas 7 horas aproximadamente y fue un trayecto exigente, pero muy gratificante. Comenzar en San Pablo te da la oportunidad de ver la primera caída desde arriba, y conforme desciendes, te vas acercando poco a poco a la segunda, que es la más popular y donde suele culminar el recorrido.
Desde San Pablo, pagamos 20 soles para una movilidad particular que nos llevó hasta la entrada. La tarifa de ingreso fue de 15 soles por cada caída, aunque no existe un sistema de seguridad si deseas ver ambas. Así que pagamos entrada para una sola caída y completamos el recorrido por cuenta propia.
En Cocachimba, después de terminar la caminata, nos detuvimos a almorzar y descansar un poco antes de buscar movilidad de regreso. Lo ideal es coordinar esto con antelación, ya que la disponibilidad no es tan alta si llegas sin reservas.
Por otro lado, si eliges la ruta Cocachimba – San Pablo, harás el recorrido en sentido inverso. Este circuito es más común para quienes desean hacer solo una caída y regresar. Sin embargo, te perderías la experiencia de ver Gocta desde distintos ángulos y altitudes, algo que definitivamente marca la diferencia.
Planificación del viaje: Transporte y hospedaje
La planificación del viaje a Gocta debe contemplar varios aspectos, especialmente el transporte y el hospedaje. Lo primero a tener en cuenta es que actualmente no hay vuelos directos a Jaén, que sería el punto más cercano para iniciar la ruta. Por eso, una alternativa viable es volar hasta Tarapoto y desde ahí viajar por tierra hasta Pedro Ruiz. Tambien puedes ir por tierra en bus que tomara desde Lima de unas 19 hasta 22 horas.
En nuestro caso, llegamos a Jaén (aun estaba habilitado el aeropuerto) y desde ahí tomamos una movilidad compartida hasta Pedro Ruiz por 40 soles. En Pedro Ruiz encontramos hospedajes económicos, con precios que iban desde los 25 hasta los 30 soles por noche. Este pueblo es una base ideal para quienes desean explorar la zona sin alejarse mucho de los puntos de partida de las rutas hacia Gocta.
Una de las grandes ventajas de hospedarte en Pedro Ruiz es la ubicación estratégica. Está mejor conectado que Chachapoyas para acceder a San Pablo y Cocachimba. De hecho, ir hasta Chachapoyas y luego volver para tomar la ruta a la catarata implica varias horas extra de viaje, por lo que no lo recomendaría a menos que tengas otros planes en la zona.
También es importante considerar la planificación del transporte local. En nuestro caso, al no contar con información previa sobre empresas que ofrecieran el traslado hacia San Pablo, tuvimos que pagar una movilidad particular. Esto puede ser una limitante para algunos, por lo que es ideal coordinar con anticipación o al menos informarse bien al llegar a Pedro Ruiz.
Consejos prácticos para una experiencia inolvidable
Visitar la Catarata Gocta es una experiencia enriquecedora, pero también demanda cierta preparación. Aquí algunos consejos basados en nuestra experiencia personal que te serán de gran ayuda:
Lleva ropa adecuada: el clima en la zona puede cambiar rápidamente. Lo ideal es llevar una chaqueta impermeable ligera, calzado de trekking y protección solar.
No subestimes el recorrido: aunque el camino está señalizado, las 7 horas de caminata (en el caso del circuito completo San Pablo – Cocachimba) pueden ser exigentes, especialmente si no estás acostumbrado a caminar largas distancias. Lleva agua, snacks y un botiquín básico.
Evita las prisas: la experiencia mejora cuando tienes tiempo para contemplar el paisaje, detenerte en los miradores y conversar con los locales. Trata de comenzar temprano para evitar el calor del mediodía y tener margen si deseas quedarte más tiempo.
Ve en época de lluvias: aunque el camino puede estar un poco más resbaloso, es en esta temporada cuando la catarata muestra todo su esplendor. Nosotros fuimos en esa época y fue espectacular ver las dos caídas con tanto caudal de agua.
Prepara dinero en efectivo: en muchos pueblos de la zona no aceptan tarjetas y no hay cajeros automáticos. Es mejor llevar efectivo suficiente para transporte, entradas, comida y cualquier imprevisto.
Seguridad y señalización: la ruta no tiene un sistema de seguridad muy claro. Aunque el sendero es bastante intuitivo, es recomendable ir con alguien más o contratar un guía si no te sientes seguro haciendo el recorrido solo.
La mejor época para visitar la catarata
Aunque se puede visitar durante todo el año, la mejor época para conocer Gocta es durante la temporada de lluvias, entre diciembre y abril. Es en estos meses cuando el volumen de agua alcanza su punto máximo, y las caídas lucen más espectaculares que nunca. Nosotros tuvimos la suerte de visitarla en esta época y fue un espectáculo natural impresionante.
Dicho esto, si prefieres un clima más seco y caminos menos resbaladizos, los meses de mayo a septiembre también son una buena opción. Solo ten en cuenta que el caudal de la catarata será menor y el paisaje menos exuberante.
Además, evita los feriados largos si buscas tranquilidad. Aunque Gocta no suele estar saturada de turistas, en fechas festivas como Semana Santa o Fiestas Patrias, puede haber más afluencia de visitantes, lo que puede restarle algo de magia al entorno natural.
Leyendas y misterios que rodean a Gocta
Gocta no solo es un atractivo natural, también está envuelta en historias y mitos locales. Una de las leyendas más conocidas habla de una sirena que vive en la catarata y protege un tesoro escondido. Se dice que quienes se acercan demasiado pueden ser atrapados por su hechizo y desaparecer en el bosque.
Estos relatos, transmitidos por generaciones, han contribuido a que la catarata se mantuviera oculta por tanto tiempo. De hecho, muchos lugareños evitaban hablar de ella por miedo a las maldiciones que —según se decía— caían sobre quienes intentaban explorarla.
Incluso hoy en día, algunos guías locales narran estas historias como parte del recorrido, añadiendo un matiz místico que enriquece la experiencia. Si eres amante de las leyendas y el folclore, no te decepcionará la atmósfera casi mágica que envuelve a Gocta.
Conclusión: una aventura que vale la pena
Visitar la Catarata Gocta es mucho más que una excursión por la selva. Es una aventura que combina naturaleza, cultura, leyenda y esfuerzo físico muy parecido a lo que fue la aventura por la reserva nacional del Rio Abiseo. En mi caso, fue uno de los recorridos más completos que hice en la selva peruana, y definitivamente lo recomiendo para quienes buscan una experiencia auténtica.
Desde los preparativos hasta la caminata en sí, cada parte del viaje tiene su encanto. Ya sea que elijas ir por San Pablo o Cocachimba, que vayas en época seca o de lluvias, la Catarata Gocta no te decepcionará. Solo asegúrate de ir con la mente abierta, con el cuerpo preparado y con la cámara lista para capturar una de las joyas naturales más impresionantes del Perú.
Este no es un lugar para ir de paso, es para vivirlo intensamente. Y cuando estés frente a esa majestuosa caída de agua, sabrás que el esfuerzo valió la pena.
