carata derrepente
Mi travesía a la Catarata De Repente: 8 cruces de río y una dosis pura de adrenalina en Tingo María
Hay lugares que te visitan y lugares que te tienes que ganar. La Catarata De Repente, en Tingo María, es definitivamente de los segundos. No es el típico paseo de domingo donde llegas caminando tranquilo; aquí vienes a mojarte, a luchar contra la corriente y a sentir la selva en la piel.
Si estás buscando una aventura de verdad en la región Huánuco, prepárate, porque hoy te cuento cómo viví esta ruta de nado, buceo y pura selva.
El inicio: ¿Por qué elegí la Catarata De Repente?
Siempre me ha gustado el circuito que ofrece esta zona porque no se limita a caminar. Buscaba nado, buscaba buceo y, sobre todo, esa sensación de desconexión total. Pero ojo, desde el arranque te digo algo: no vengas solo.
Yo me aseguré de ir con una agencia de viajes y un guía local. ¿Por qué? Porque ellos conocen el temperamento del río y tienen el equipo necesario. Si no sabes nadar bien o no conoces la zona, la situación se te puede complicar rápido. Créeme, un guía especializado es la diferencia entre una anécdota increíble y un mal rato.
La ruta de los 8 cruces: El desafío del río
Lo que hace única a esta expedición es que el camino es el río. Para llegar a ver la catarata, tuve que cruzar el río ocho veces.
La ida: En mi caso, nos tocó surcar el río directamente. Sentir el agua golpeándote las piernas mientras avanzas es brutal. Me contaron que cuando el río está muy crecido, te toca ir por la orilla, lo cual le añade su propio nivel de dificultad técnica entre las rocas y la vegetación.
El nado y el buceo: Hubo tramos donde simplemente no había de otra: tocó lanzarse al agua. El circuito te exige moverte, bucear un poco y mantener el ritmo. ¡Es adrenalina pura!
El momento cumbre: Un Juane bajo la catarata
Después de los ocho cruces y el esfuerzo físico, de pronto, ahí está. La Catarata De Repente aparece ante tus ojos, imponente y bellísima. La sensación de logro es indescriptible.
¿Mi parte favorita? El ritual del almuerzo. Sacar mi Juane, desenvolverlo y comerlo ahí mismo, en medio del rugido de la catarata y rodeado de verde por todos lados, fue algo increíble. Esos son los momentos por los que uno viaja. Te relajas, recuperas fuerzas y simplemente agradeces estar en Tingo María.
El regreso: Nadando a favor de la corriente
Si pensabas que el camino de vuelta sería aburrido, estás equivocado. La idea de esta aventura y lo que más disfruté es que el regreso lo haces nadando. Dejas que la corriente te ayude un poco mientras fluyes con el río. Es el cierre perfecto para soltar los músculos y disfrutar del paisaje desde otra perspectiva.
Mis consejos si quieres seguir mis pasos:
Seguridad primero: No escatimes en el guía. Necesitas a alguien que sepa por dónde pisar y por dónde nadar.
Condición física: Si no sabes nadar, piénsalo dos veces o ve muy bien equipado con chaleco, porque el agua es la protagonista aquí.
Tu cámara lista: Vas a querer registrar cada cruce (yo llevé mi equipo protegido para las fotos que verán abajo).
Tingo María nunca deja de sorprenderme. La Catarata De Repente me dejó cansado, pero con el alma llena. Es una ruta para valientes, para los que no le tienen miedo al agua y para los que aman la selva de verdad.
¿Te atreverías a cruzar el río ocho veces por esta vista? ¡Cuéntamelo en los comentarios!
Mis consejos si quieres seguir mis pasos:
Seguridad primero: No escatimes en el guía. Necesitas a alguien que sepa por dónde pisar y por dónde nadar.
Condición física: Si no sabes nadar, piénsalo dos veces o ve muy bien equipado con chaleco, porque el agua es la protagonista aquí.
Tu cámara lista: Vas a querer registrar cada cruce (yo llevé mi equipo protegido para las fotos que verán abajo).
